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La Trastienda de Bolonia

Creative Commons License Martín Ruiz Oceja, Alberto Aja Aguilera, Alfonso Nicholls
Consejo de Estudiantes de la Universidad de Cantabria

 

 

 

 

Introducción

A pocos escapa que la Universidad necesita de una profunda renovación metodológica. Ahora mismo, a diferencia de antaño, lo que sobra es información y los cambios que se dan en nuestro entorno son vertiginosos. las capacidades y competencias que se le deben exigir a un titulado universitario han variado sustancial mente por lo que los roles que han de desempeñar docente y estudiante tienen que cambiar notablemente.
los supuestos peligros de mercantilización no se pueden utilizar como argumento para impedir que se establezcan vínculos adecuados que permitan introducir en los estudios universitarios elementos que acorten la distancia entre la salida de de la Universidad y la incorporación a un trabajo acorde con el nivel y ámbito de aplicación del título obtenido. Así, invitar a participar a los empleadores (empresas, sindicatos, ONGs, Admón. Pública) opinando sobre las competencias profesionales que buscan en sus empleados potenciales debe ir acompañado de medidas preventivas. Una de las más claras es la de ganar en el terreno de la autonomía e independencia universitaria definiendo las incompatibilidades de los que tienen responsabilidades de gobierno y gestión (decanos, directores de departamento, vicerrectores, etc.).
Otro de los puntos calientes en los que queremos detenernos son los préstamos renta. Cuando se analiza pormenorizadamente los requisitos de acceso a las becas generales de postgrado se advierte que algunos a los que más falta les hace, como puedan ser los que compatibilizan estudiar y trabajar, son precisamente quiénes pueden no cumplir los requisitos académicos para acceder a dichas becas o bien tienen más dificultades para sacar buenas notas, cuando uno de los criterios para su concesión es el expediente. Así, eliminar los préstamos renta supone una elitizacion, a nuestro juicio indeseable, de los postgrados.
Por otro lado, si bien es cierto que hay que huir de estandarizaciones de calidad educativas para simplemente comparar resultados y establecer rankings, también lo es que se necesitan mecanismos que permitan a alguien que no sea el mismo profesor evaluar la acción docente y sus resultados.

En definitiva, entendemos que cualquier oposición frontal a la reforma que se está produciendo en la Universidad es tan irresponsable como pensar que no hay que hacer inversiones públicas y ajustes para poder beneficiamos de las mejoras que propone el Espacio Europeo de Educación Superior, al mismo tiempo que se ha de trabajar por prevenir posibles derivas no deseadas de su aplicación. En las siguientes páginas queremos hacer algunas reflexiones sobre varias de las dudas que se ciernen sobre este proceso de reforma comúnmente conocido como Plan Bolonio o Proceso de Bolonio.



Másteres y préstamos renta

Este año se ha aprobado una partida extraordinaria de 37 millones de euros para becas universitarias para el curso 2009/10. Esto supone un significativo aumento respecto al año anterior, precisamente para responder, entre otras, a la necesidad de atender a un mayor número de estudiantes de máster. Traducido a cristiano, se pasaría de 3.800 a 7.600 becados/as en másteres. Si aun así alguien se quedara fuera por no cumplir los requisitos de acceso a las becas puede, si lo desea, optar a un préstamo renta (no beca préstamo, que a día de hoy no existe). Hasta 30 mil euros sin cobrarte intereses y pudiendo devolverlo en un plazo máximo de 20 años. Si en ese tiempo tu nivel de renta no alcanza los 22.000 euros anuales, la deuda la asume el Estado. Es decir, estos préstamos solo tendrán que devolverlos aquellos estudiantes que, en el futuro, tengan un nivel de renta aceptable, sin hipotecar así el futuro de nadie.
Es importante resaltar que para acceder a las becas generales de los estudios de máster, además de la renta familiar, uno de los criterios que se utiliza es el de la nota media. De esto se desprende que, a priori, aquellas personas que compatibilizan estudios y trabajo por causas ajenas a su voluntad pueden partir de una situación de desventaja a la hora de optar a la beca en un proceso competitivo porque disponen de menos tiempo para estudiar. No digamos si el máster es de dos años, ya que si para obtener beca en 12, salvo raras excepciones, hay que matricularse de 60 créditos, para conseguir que te la concedan el 22 año de máster, el requisito es aprobar la totalidad de los créditos matriculados el año anterior.
Por este motivo entendemos que no ofertar los préstamos renta perjudica a un sector de estudiantes que normalmente pertenecen a las mismas clases socio económicas y no a las medias-altas precisamente. Esta franja de estudiantes, como todos sabemos, tiene más urgencia para rentabilizar en forma de un trabajo el esfuerzo
invertido para sacar el título universitario, por lo que se reduce la probabilidad de que se matriculen en estudios de especialización como son los másteres o bien los doctorados. Como no cabe la posibilidad de optar a una beca sacando los estudios poco a poco, al final, son aquellos que por sentir menos la presión económica, por no tener prisa para obtener su primer empleo, por tener más tiempo para estudiar al no trabajar y así sacar mejor nota media y/o por tener sus familias más recursos, tienen más posibilidades de cursar estudios de máster y doctorado, que permiten acceder a roles y estatus

Eliminar los préstamos renta y más aun en los tiempos en los que las becas aumentan sustancial mente es perjudicar a las clases más populares. Lo ideal sería una educación universal y gratuita para todos, no vamos a ser nosotros quiénes digamos lo contrario, pero sin lugar a dudas también queremos poner los pies sobre la tierra, atender a cómo son las cosas y no únicamente a cómo nos gustaría que fueran. Por tanto, por mis deseos de un futuro mejor, solicitando que se retiren los préstamos renta, puedo estar perjudicando gravemente a quién en la actualidad lo necesita. La gratuidad universal de la Educación Superior es cuestión de cambiar el modelo social en el que vivimos, responsabilizar a la Comunidad Universitaria de cómo está organizado el Mundo actualmente nos parece, cuando menos, injusto.

 




Necesaria movilidad

El espíritu de Bolonio entre otras cosas hace referencia a la época (s.XII) en la que los estudiantes de esa Universidad se asociaban en naciones para defender sus derechos. El término nación no tenía el sentido político actual y además de a la procedencia geográfica atendían en cierto grado a la lingüística.
Aunque en los comienzos de la Universidad de Bolonia para los estudiantes la lengua materna era una seña de identidad incuestionable, había consenso en cuanto al idioma en el que se impartían las "clases". El latín permitía a estudiantes y profesores trasladarse con el conocimiento adquirido de una universidad a otra. Este grado de movilidad no se está dando en la actualidad debido a la progresiva aparición, desde finales de la Edad Media, de los estados nacionales y la consiguiente consolidación de identidades culturales e idiomáticas diferenciadas. En la situación en la que nos encontramos son necesarias una serie de reformas como, por ejemplo, la estructura de los estudios (tres niveles: grado, máster doctorado) o los créditos ECTS1 que hagan la función que antaño hacía el "latín", permitiendo a quién quiera, sin trabas ni obstáculos, iniciar sus estudios en España, continuar en Bélgica y terminar en Italia.
Así mismo, voluntariamente, cada vez más personas quieren aprender o perfeccionar idiomas mientras desempeñan su profesión en otro país, o bien simplemente optan por desarrollar su carrera en el extranjero, circunstancia esta que se valora como mérito a la hora de encontrar trabajo en el país de origen.
La crítica que se le suele hacer a la movilidad, es la utilización de la misma por parte de las corporaciones para trasladar a mano de obra a su antojo de un país a otro. Aparte de que para algunas personas esto sería algo deseable e ideal de vida, son los sindicatos, patronales y gobiernos los que se encargan de las disposiciones que regulan el mercado de trabajo, los convenios colectivos o la legislación relativa a la deslocalización fabril. Es a ellos, no a la Universidad, a quiénes debemos exigir que no permitan hipotéticos abusos. Más bien al contrario, pensamos que es urgente y necesario que se favorezca la libre circulación del conocimiento, además de su reconocimiento e intercambio entre países y culturas.

Evaluación de la calidad

Si bien es cierto que hay que huir de estandarizaciones educativas por tanto son el primer paso para poder comparar resultados y establecer rankings, también lo es que se necesitan mecanismos que permitan a alguien que no sea el mismo profesor evaluar la acción docente.
No se puede permitir que en función de dudosos criterios de calidad se pueda cerrar un centro educativo público. Ahora bien, si la Universidad diseña unos estudios para que duren 4 años, salvo el estudiante a tiempo parcial, debe ser aproximadamente ese tiempo el que tenga que invertir la mayoría de los estudiantes para obtener su título. La creencia de que un profesor es bueno en la medida en que es difícil superar su asignatura es errónea. A ese profesional se le paga precisamente para que tras la realización por parte del estudiante de aquellas tareas que propone se alcancen los objetivos de aprendizaje en tiempo y forma programados. Sería deseable rebajar el número de personas que han de soportar la carga de una clase particular para que su hijo apruebe o bien será mejor contratar directamente al profesor de la academia.
Aunque esta última problemática es más de las carreras técnicas, en las ciencias humanas y sociales también encontramos prácticas docentes no deseadas. Se da con frecuencia la costumbre de basar una asignatura en exposiciones de PowerPoint que han de ser copiadas frenética mente ya que es la información exclusiva que te da acceso al aprobado, para semanas después ser memorizada y volcada en un papel. No contentos con esto, y por si alguien tiene apuntes de otros años, algunos docentes aun mantienen presos a los estudiantes teniendo en cuenta para la nota final la asistencia a sesiones aburridas o, con la presión de continuas pruebas parciales, a lo que mal llaman evaluación continua.
Es por estos docentes, junto al que aboca a sus estudiantes irremediablemente a la academia privada, por quienes se hace urgente una evaluación eficaz y con resultados de lo que hacen en el aula. No vamos a entrar en el eterno debate de si investigación o docencia porque es más simple que todo eso. Si a alguien se le paga para que, entre otras cosas, consiga que unos estudiantes adquieran unos conocimientos y habilidades deberá lograrlo en un cierto porcentaje. Si no lo consigue que se le dé la oportunidad de formarse y si sigue sin poder hacerlo, que lo intente otro.

La evaluación de la calidad del profesorado debe reconocer a aquellos que se desviven por su ejercicio docente. Hay que modificar los incentivos a esta tarea y revisar los criterios de contratación, acreditación y valoración del profesorado para que favorezcan el acceso a las aulas universitarias a un mayor porcentaje de profesores que tienen por objetivo desarrollar una buena docencia como opción profesional. En este sentido, más que restarle al porcentaje de la nota que supone la investigación a la hora de acceder y mantenerse en la carrera docente, hay que aumentar la posibilidad de sumar puntos con criterios relacionados con la docencia. Así, la evaluación positiva de los estudiantes, la formación para la docencia, o la investigación enfocada a optimizar el proceso de enseñanza-aprendizaje, deben ser estimulados con un mayor reconocimiento y la posibilidad de acceder a los mismos incentivos que con la investigación.
Ahora bien, claro que hay cosas que ajustar y que necesitan de dedicación por parte de los estudiantes. Antes de nada hay que resaltar una y mil veces que quiénes toman las decisiones en ANECA son profesores. Hay que prestar atención a los estudiantes que participan en los grupos de trabajo y en las comisiones de evaluación. Hasta ahora son formados por la propia Agencia en cursos a los que acuden estudiantes que son llamados por profesores situados en órganos de gobierno o recomendados por los estudiantes que ya están dentro. El peligro consiste en que su formación puede ser adoctrinadora y los mecanismos de elección se pueden alejar en exceso de los intereses de los estudiantes. Así se puede dar la paradoja de que algún grupo de trabajo se componga de un estudiante que ya lleva tiempo y tiene sus contactos, su compañero de piso, alguien de su ciudad y un compañero de asamblea. Aquí sí que la labor del estudiante se "premia" y se les pagan los viajes en avión, buenos hoteles e incluso una pequeña cantidad de dinero. Desde luego estos privilegios no se quieren perder y es arriesgado que la elección de los estudiantes dependa sólo de quién les paga, por tanto pueden acabar sirviendo a los intereses de la agencia, que no tiene porqué ser malo mientras también se atienda en el mismo grado a los intereses de. los estudiantes. Y es que la presencia de estudiantes legitima la toma de decisiones en materia de calidad y es necesario que se reformulen los requisitos de acceso, incentivos y funciones de los estudiantes que forman parte de ANECA. Ese sí que es un buen antídoto contra la posible manipulación de la calidad para cerrar centros.

Mercantllizaclón

Es necesario diferenciar entre una más que recomendable relación de mecenazgo Universidad-Empresa con la subyugación a intereses privados. Si hay una cosa que es clara en la universidad no es otra que es gobernada por profesores/as. Cuando esta institución firma convenios de colaboración con entidades bancarias, empresas o la Admón. Pública (como es en el caso de las prácticas de maestra en colegios), lo firman y aprueban principalmente profesores/as. Rector y vicerrectores y entre el 70 y 90% de los miembros de los órganos de gobierno son profesores, el resto son estudiantes y PAS (Personal de la Administración y Servicios de la universidad).
Cuando alguien lee los documentos que recogen los diseños de las nuevas titulaciones se percata de que en el apartado referido a quiénes se ha consultado para elaborarles, además de citar las fuentes científicas y metodológicas o las teorías en las que se sustenta, se refleja a los estudiantes egresados y empleadores. Estos últimos, no son simplemente las empresas, además están la Admón. Pública, ONGs y sindicatoss.
y es que somos muchos los estudiantes que queremos trabajar cuando terminemos y la realidad es que en algunos estudios se enseña, por ejemplo, el manejo de instrumentos y herramientas que se desecharon hace tiempo por obsoletas. Es precisamente el contacto del estudiante (con su curiosidad e inquietudes) con el mundo laboral, lo que le permite advertir por ejemplo, si la versión del programa de diseño con el que está aprendiendo en la facultad o escuela (el 5.0) se dejó ya de usar hace dos o tres años y fue sustituido por el 6.0. Si el Estudiante tiene conocimiento de aquello que le facilitará el acceso a un empleo lo demandará en sus estudios. Esto más que como una amenaza debe ser percibido como una oportunidad de permanente actualización, añadiendo pertinencia y utilidad al título.
No nos imaginamos a una maestra sin haber hecho unas prácticas de lo que va a ser su desempeño profesional. No sólo debe ser la universidad quién establezca los mecanismos de control que permitan verificar que los estudiantes realizamos en nuestros
centros de prácticas aquellas tareas para las que allí acudimos (no solo de las prácticas sino también de las becas de colaboración), también los sindicatos radicados en dichos centros de trabajo se deben implicar en velar por los derechos de aquellos que, sin ser afiliados o trabajadores en activo, pueden ser victimas de explotación laboral. Ya sean prácticas inscritas en un plan de estudios o sean contratos de prácticas.
El máster del Banco de Santander que se imparte en la Universidad de Cantabria es un ejemplo de ello. Por un lado, para poder convertirse en un estudio universitario ha tenido que ser aprobado en Juntas, Departamentos y Comisiones universitarias compuestas, y no nos cansaremos de decirlo, por profesores, estudiantes y PAS (Personal de Administración y Servicios de la universidad), pero son los docentes quiénes tienen la gran mayoría. No hay nadie del Banco en el momento en el que se toman las decisiones cruciales. Si en los lugares que hemos citado se vota que no, ese máster jamás se impartiría.
Por otro lado, ese banco emplea a miles de personas y hay que plantearse hasta que punto no debe ser consultado en el diseño de la formación especializada que da acceso a sus puestos de trabajo. Si la mayoría de los que cursaran esos estudios fueran contratados nada más acabar, habrá que plantearse si ese máster o la relación universidad empresa es buena o mala. Una praxis deseable para todos entre la entidad y la Universidad dependerá de la ética a la hora de firmar los convenios y establecer los marcos de colaboración. Sin lugar a dudas se deben establecer medidas que garanticen buenas prácticas pero a la vez hay que conseguir que cuando obtengamos el título no nos pasemos largas temporadas en el paro o con necesidad de formación extra. Si para eso hay que contar con los empleadores, por nosotros, adelante.
El conocimiento tiene que ser lo más independiente posible. La gestión y gobierno de la Universidad, máxime la pública, han de estar en manos de la comunidad universitaria aunque deba permitir miradas ajenas que la ayuden a ser objetiva y mejorar. Pero más que nunca, la Universidad está necesitada de ganar autonomía e independencia por lo que hace falta explicitar determinadas incompatibilidades de la actividad privada con las responsabilidades gestoras y de gobierno de la Universidad.

Metodología

Hay que dejar claro de una vez por todas cuáles son las prácticas docentes deseables. Sobre este asunto se podrían escribir muchas páginas pero se pueden mostrar ejemplos claros de forma rápida.
Después de varios años en la Universidad, un estudiante, sin lugar a dudas es capaz de señalar aspectos que caracterizan una eficaz acción docente y es lo que pretendemos hacer ahora. Se puede afirmar que un "programa de asignatura" o una "guía docente", para considerarse buena, ha de contener información acerca de los contenidos, una temporalización y una exhaustiva descripción de las tareas a realizar por el estudiante durante el cuatrimestre. Dicha descripción de las tareas debe ir siempre acompañada de una estimación de las horas de trabajo que entraña n cada una de ellas y el porcentaje de la nota final que supone la realización correcta de lo que el docente propone. Ofertando un variado menú de tareas de diferente complejidad, esencia y valoración, el estudiante puede planificar y programarse. Así, además de estimular un esfuerzo continuado con el que se pueda alcanzar el 70% o más de la nota antes del examen, se facilita una estimación de la calificación que se quiere obtener en función del esfuerzo a realizar.
La aplicación correcta de la metodología que el EEES propone, supone una mayor diversidad de propuestas por parte del docente que atiende a un mayor número de estilos de aprendizaje y favorece una planificación que permite compatibilizar trabajo y estudios. Cualquier disonancia entre la Universidad y el estudiante a tiempo parcial tendrá solución siempre y cuando haya voluntad en los órganos de gobierno del centro en el que se impartan los estudios a cursar y se impulsen guías docentes que reflejen las medidas para atender de forma correcta a estudiantes a tiempo parcial.
Nada tienen que ver con Bolonia las prácticas que se dan en ocasiones en los actuales planes piloto. Se carga al estudiante de trabajos durante todo el cuatrimestre en los que tienen que invertir largas horas para que finalmente no les suponga más del 20 o 30 % de la nota final. No son seguidos ni tutorizados, ni se establece una adecuado seguimiento de los aprendizajes que se pretende se adquieran con las tareas. Todo esto desemboca en que hay que volver a darse un atracón de cafeína y para pasar un examen tener que reproducir información previamente memorizada. No es de extrañar que los estudiantes se revelen si piensan que eso es el EEES.


Los nuevos títulos se diseñan en comisiones de planes de estudio elegidas por las juntas de los centros. Aquéllas están compuestas por estudiantes y profesores en relación aproximada de 20% y 80%. Es del funcionamiento de esa comisión del que dependen los intereses a los que responde el nuevo diseño. Lo deseable es la innovación y nunca más que ahora la interdisciplinariedad en la creación del conocimiento. Para ello el profesorado habrá de renunciar a intereses propios (como pueda ser qué cantidad de créditos y en qué asignaturas impartirá el área al que pertenece), tratar de colaborar con otras áreas y abandonar hábitos e incluso privilegios implícitos a la antigüedad, en beneficio de una nueva organización del tiempo y el espacio, coherente con el nuevo planteamiento metodológico que propone el EEES.
Para terminar este apartado, hay que decir que hace falta realizar una adecuada inversión en personal docente y rebajar el número de estudiantes por grupo para poder realizar la trasformación metodológica y obtener buenos resultados.

La representación y participación estudiantil

Nosotros apostamos por trabajar y por hacer que la acción reivindicativa sea útil ejerciéndola con derecho y eficacia directamente desde los entes que toman las decisiones, formando parte de ellos y presentándonos previamente a unas elecciones.
Aunque la estructura de representación estudiantil en la Universidad de Cantabria es una de las más estables del estado, continúa teniendo muchas carencias. De todos modos, tenemos que ser conscientes de que la representación no siempre resulta una tarea sencilla. Por una parte, la actividad del representante, más allá de su faceta lúdica, es ejercida en un entorno de profesores, con todo lo que esto conlleva. Cuando un estudiante se presenta en un órgano de gobierno para defender una propuesta, lo tiene que hacer frente a las mismas personas que le van a evaluar en sus asignaturas, tiene que conocer el funcionamiento y los tecnicismos habituales y ser capaz de desenvolverse en el maremágnum de reglamentos y normativas utilizados. Por otra parte, no están claramente especificadas las funciones que los estudiantes tienen que desarrollar, no hay una formación adecuada para asumir las responsabilidades que se les exige ni tampoco incentivos que realmente hagan atractiva la participación estudiantil en la construcción de su entorno.
Por desgracia en la actualidad, llegar a tener alguna vez estas capacidades entraña renunciar a salir fines de semana, informarse exhaustiva mente durante los descansos entre clase y clase e, incluso, desatender a tu pareja y/o amigos (con lo que esto supone) para leer leyes, ordenes y demás documentos que te permitan utilizar los códigos, canales y protocolos que posibilitan que una acción revindicativa tenga una capacidad realmente transformador.
Pongamos un ejemplo: El EEES propone un cambio de metodología que exige inevitablemente, a su vez, el desempeño de un rol muy diferente por parte del docente en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin duda, esto incide en el perfil del profesional necesario para las aulas, por lo que se habrán de variar los criterios de contratación, acreditación y valoración del profesorado. Una vez identificado lo que creemos una incoherencia entre los fines y las herramientas que se diseñan para alcanzarles, como son los criterios de valoración que recomienda ANECA, creemos que es nuestra res
ponsabilidad realizar una propuesta de modificaciones. Hay que leer mucho para realizar propuestas encaminadas a incentivar las buenas prácticas docentes, necesarias para una adecuada y real implantación del EEES (y no lo que se ve en algunos planes piloto y es erróneamente identificado con Bolonia). Y es que hay que saber qué artículo de una disposición o qué porcentajes de unos criterios determinado hay que cambiar para conseguir, en este caso, que se dé un alto grado de coherencia entre los propósitos que se venden de la reforma y las prácticas reales.
Lejos de ocuparnos únicamente de disposiciones de alcance estatal, como la anteriormente expuesta, los representantes también tratan de que la coherencia antes mencionada se dé en los servicios que la Universidad debe poner a disposición del estudiante.
Pongamos otro ejemplo: Hay que velar por la instalación de comedores que faciliten la vida al estudiante que se matricule a tiempo completo y que pasa más horas en la Universidad. Personas que deciden dar una gran dedicación a los estudios o bien son de fuera de la localidad en la que ubica su centro.
Por otro lado, y hablando de una participación más general, tenemos que hacer valer la realidad de que somos los únicos testigos de lo que en las aulas acontece. Somos ciudadanos mayores de edad que, si bien la ley ya nos hace asumir la totalidad de las consecuencias de nuestros actos, no entendemos cuál es el motivo por el que no somos quiénes decidimos cuando un profesor hace bien o mal su trabajo. Si la acción docente va a ser evaluada, como establece ANECA, en función de un auto-informe (el propio interesado), el informe de sus responsables académicos (más profesores, sus colegas) y las encuestas de los estudiantes, debe ser el resultado de las estas últimas el que mayor peso tenga a la hora de decidir si una labor docente está bien o mal desarrollada.
Para todo esto que hemos detallado y para mucho más es necesario que la representación-dinamización estudiantil se sustente en estructuras que favorezcan la continuidad dentro de la propia cic/icidad que tiene el cuerpo estudiantil. Diseñar un cursus honorum que favorezca que cada función sea desempeñada por la persona más adecuada para los intereses de la mayoría, dar reconocimiento académico, la formación
necesaria e incentivar de forma que la representación atraiga a toda la diversidad que se da entre la población estudiantil. Como comentábamos más arriba, estos son algunos de los aspectos a los que hay que atender con mayor urgencia.

Títulos nuevos

Sin lugar a dudas, las diplomaturas tienen 180 créditos y los nuevos grados van a ser de 240. La diferencia cuantitativa seguramente tenga un reflejo cualitativo dentro de unos años cuando empiecen a salir los nuevos grados. En cualquier caso, tanto a diplomados como licenciados e ingenieros se les va a respetar los derechos adquiridos con su titulación. Ahora bien, tenemos que tener en cuenta que los planes de estudio que cursamos actualmente sustituyeron en su día a los anteriores. Los que sacaron el título antes que nosotros, cuando les pilló el cambio al plan que ahora estudiamos, seguramente sintieron cosas parecidas a las que sentimos nosotros. Lo que pasa es que al ser nosotros los "beneficiarios" de la anterior modificación de los estudios no pensamos en cómo se sintieron los que la vivieron. El natural avance de los tiempos hace que sea algo más que recomendable la renovación de las carreras. Más que oponerse a realizar cambios en nuestras titulaciones creemos que hay que estar a favor de dos cosas. La primera es que la reforma responda realmente a los intereses de los estudiantes y del conjunto de la sociedad, mejorando nuestras titulaciones y consiguiendo que no se conviertan en el resultado de los equilibrios de poder entre el profesorado. El segundo objetivo es conseguir que los que vamos a obtener unas titulaciones en breve, tomemos medidas para que nuestros títulos no se queden "antiguos", perdiendo competitividad, así como para que quien quiera sacar el título de Graduado disponga de las convalidaciones y complementos necesarios.
Por último, los nuevos graduados van a obtener su título con un nivel de acreditación lingüística en lengua extranjera B-1 (algunas universidades B-2) según el Marco común europeo de referencia para las lenguas. Tenemos que conseguir para el 2009-10 que en nuestras Facultades y Escuelas se impartan cursos de formación lingüística a precio de crédito oficial, no como ahora, que permitan a los estudiantes de diplomaturas, licenciaturas e ingenierías, al igual que a los futuros graduados, acreditarse en este
nivel.

Universidad para todos/as

La dedicación exclusiva a estudiar una carrera no tiene por qué criminalizarse. Más bien al contrario se debiera luchar para que los recursos y becas permitieran que todo el mundo que quisiera lo pudiera hacer.
Por otro lado, no se puede enviar a la UNED a todo estudiante que decida realizar sus estudios poco a poco. Es en las universidades presenciales donde se dan unas mejores condiciones de interacción que favorecen el intercambio de ideas y conocimientos que posibilitan la existencia de una ciudadanía crítica y participativa.
Lo sencillo es echar las culpas al Plan Bolonio cuando los nuevos estudios se diseñan en cada centro, no en Italia ni en Bruselas. Es en las propuestas de titulaciones que las facultades y escuelas hacen y/o en las programaciones y guías de cada docente donde se tienen que reflejar las medidas para atender bien a los estudiantes a tiempo parcial (programa de tutorías presenciales y virtuales, alternativas de evaluación, diversidad de propuestas de tareas a realizar...) Más que señalar con el dedo a quiénes quieren ser estudiantes a tiempo completo hemos de conseguir que todos los centros incluyan dichas medidas en el diseño de los nuevos títulos y de esa manera ni Bolonio ni nadie supondrá un impedimento para que alguien pueda estudiar una carrera.
En este sentido hay que hacer una última consideración importante. Uno de los criterios de calidad que se utiliza para evaluar los resultados de un centro universitario es el tiempo que tarda en sacar una carrera un estudiante. De esta manera se considera n+l un tiempo adecuado, siendo n el número de cursos que tiene cada titulación. Esto quiere decir que si los estudios están diseñados para 4 años, entre 4 y 5 es el tiempo considerado óptimo. Para que los centros no tengan la tentación de poner reparos a los estudiantes a tiempo parcial o a personas que se encuentren en situaciones que ralentizan sus estudios (por trabajo, embarazas, discapacidades temporales o permanentes...), haciendo descender los indicadores de calidad, hemos de conseguir que ese criterio de calidad llamado de "permanencia" no se aplique a estos estudiantes.


 

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