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Corona real visigoda

 

 

 

 

 

 

TEMAS DE HISTORIA
6. El reino visigodo

Introducción
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El modelo romano entró en crisis desde el siglo III d. C., su sustitución por otra civilización solo era cuestión de tiempo. En el siglo IV, un pueblo procedente de Europa oriental, los visigodos, ocuparon, junto a otros, los territorios romanos occidentales, mas débiles y más difíciles de defender. Debemos, sin embargo, entender que los visigodos se hacen cargo de una estructura de civilización ya existente, poco aportan. Servirán para que con ellos frague el feudalismo que ha ido apareciendo al final del mundo romano. Su debilidad se traducirá en una existencia breve ( dos siglos), que dará paso al mundo islámico.
Comienza este tema releyendo el final del tema 5.

 

1. LOS ORIGENES DEL REINO VISIGODO

Lee el último apartado del tema 6 aqui

 

 

2. CARACTERES GENERALES


Las comunidades hispano-romana y visigoda se mantuvieron durante un periodo muy largo de tiempo separadas a nivel físico y legal. Probablemente ello respondía a un deseo visigodo de proteger su cultura e idiosincrasia, ante una sociedad hispano-romana mas numerosa y mas avanzada, sobre la que la única manera de ejercer la autoridad era la fuerza. Veamos algunos aspectos que diferenciaron a la población del reino y algunos mecanismos que les obligaron a compartir su vida.

Las herejías fueron en esta época sectas derivadas del cristianismo que ante la crisis general prometían caminos de salvación en base a realizar ritos y magias. Algunas de estas sectas culpaban de la crisis a la iglesia, y para desprestigiarla rebatían y deformaban muchos de sus principios. Así surgieron herejías como los monofisistas, los nestorianitas y los arrianos que negaban principios como el de la Inmaculada Concepción o la divinidad de Cristo. Los visigodos profesaron esta última herejía, en parte por una errónea evangelización fruto de las diferencias idiomáticas, y en parte por un deseo visigodo de sentirse diferentes. Tanto que los romanos sentían rechazo hacia esos bárbaros herejes. Ello explica, en parte la separación física y legal que las dos comunidades vivieron durante los primeros 150 años de presencia visigoda en España.

Por su parte la hospitalitas fue un mecanismo para integrar a los germanos en la economía existente. Consistía en que cada una de las hordas (grupos militares unidos por lazos familiares) de los pueblos germanos debía asentarse en una tierra. Para ello cada latifundista romano debía ceder a una horda un sesenta por ciento de sus tierras, sus esclavos y sus trabajadores. Como el número de hordas era inferior al de latifundios, la ley se aplicó en pocos lugares, aplicándose en las demás tierras un impuesto monetario compensatorio, la llamada sorte. El mecanismo de asentamiento trajo indudables consecuencias. De una parte no hubo alternativa económica, todo siguió igual, solo que con distintos amos, pero no hubo innovaciones, y por tanto, perduró el sistema anterior de crisis y ruralización; en segundo lugar la crisis económica se agravó al añadirse a la economía existente la dirección de un grupo pobre e inexperto en la organización de un estado; en tercero los germanos asimilaron las formas económicas y sociales existentes, destruyéndose su tradición nómada e igualitaria.

Originalmente la sociedad germana era igualitaria. La esclavitud era algo casi desconocido y reservado como pena para graves delitos. Fuera de esta circunstancia todos los hombres eran iguales, las decisiones se tomaban en asambleas de hombres libres y los cargos, sobre todo los militares tenían valor solo en periodo de guerra. Sin embargo, tras la llegada, el sedentarismo hizo innecesario mantener a todos los hombres en el ejército, rasgo distintivo de la igualdad, desviándose parte de la población a tareas agrícolas en las tierras ocupadas por la hospitalitas.
De ahí surgiría una primera división social basada en las diferencias de trabajo. De un lado los agricultores pobres dependientes de jefes de horda, parecidos a los siervos romanos; de otro los campesinos independientes; después los soldados y funcionarios; por último los jefes militares y políticos, parecidos los terratenientes romanos.

Políticamente los germanos establecieron monarquías electivas. El carácter monárquico se adecuaba mejor a una sociedad ya no igualitaria y necesitada de un mando único y eficiente ante tanto problema, además, ello les daba la categoría de los antiguos emperadores. Pero sin embargo, el carácter electivo les mantenía cercanos a sus viejas tradiciones. Sin embargo, este sistema electivo debilito el poder de los reyes, necesitados de contentar a la nobleza para que les otorgara sus votos, así, sumado ese hecho al feudalismo naciente en la última época romana, el poder se fue progresivamente fragmentando en manos de una nobleza latifundista que gobernaba a su antojo en sus tierras y explotaba a sus campesinos.
Así se forjo una sociedad dividida en grupos, fuertemente separados por sus privilegios (estamentos),con un poder político central inexistente, en el que el rey solo asumía poderes de coordinación en casos extraordinarios, y cuya autoridad se basaba no en obligaciones legales, sino en fidelidades personales (vasallaje),y en una economía agrícola, autosuficiente y rural.

 

3. LA EVOLUCIÓN DEL REINO.

3.1. La primera fase.

Los primeros años de los reinos germanos fueron duros. Grupos de campesinos sin tierra y vagabundos generados por la crisis imperial formaron bandas de ladrones y rebeldes contra el nuevo gobierno, eran los llamados bagaudas, que resultaron extremadamente peligrosos para el nuevo poder. Los nuevos reinos disputaron entre si las fronteras, y el intento de reunificar toda Europa, como herederos que eran de Roma. Las disputas fueron alentadas por Bizancio, la mitad oriental de Roma, que durante los años siguientes, y bajo el mandato de grandes emperadores como Justiniano, no solo sobrevivió, sino que consiguió recuperar parte de la zona occidental.
Pese a los intentos de unificación y desarrollo de reyes germanos como el visigodo Recaredo o el ostrogodo Teodorico, la Europa Occidental se fue sumiendo en un periodo pobre y oscuro, marcado por la arbitrariedad, la pobreza cultural y el declive económico, mientras Bizancio mantenía su poder.
La oposición hispano romana también resultó un problema en estos primeros tiempos. Hemos de tener en cuenta que la población romana alcanzaba una cifra 25 veces superior a la de los invasores germanos. Sin embargo, esta minoría controlaba el ejército, la política y una porción considerable del aparato económico. La situación se veía agravada por cuanto que los germanos, en lugar de generar una sociedad integrada con igualdad para las dos comunidades, facilitaron el odio racial y la división social de los dos grupos. Así, hasta el siglo VI, el gobierno visigodo mantuvo leyes separadas para visigodos (código de Alarico) e hispano-romanos (código de Eurico), barrios separados en las ciudades, privilegios para los visigodos en materia de impuestos, justicia, posesión de armas y participación política, prohibiendo los matrimonios y la convivencia entre ambas comunidades, en un torpe intento de preservar sus tradiciones y evitar ser asimilados por una mayoría, además, mas culta. La tensión social se vio en estos primeros años agravada por dos hechos significativos, las herejías y la hospitalitas.

 

 

3.2. La unificacion del siglo VI.

Derrotados por los francos en el sur de Francia, el reino se concentró en sus territorios peninsulares, en los que tuvo que hacer frente, en sus primeros tiempos, a una situación de conflicto permanente (antes incluso de su independencia, por petición de Roma), con otros germanos (suevos, vándalos y alanos), con los bagaudas, los cantabros y vascos, y los bizantinos, finalmente.
El siglo VI colocó contra las cuerdas a esta frágil sociedad. Pese a algunos éxitos militares , la lucha contra los suevos del Norte continuó, y llevó a una victoria agotadora, los levantamientos de las poblaciones vascas y cantabras continuaron ,la economía se hundió, la oposición hispano-romana creció ante la marginación, algunos grupos de campesinos visigodos se rebelaron contra las diferencias nacientes de clase y parte de Andalucía fue invadida por las tropas del general Belisario, un general Bizantino que intentó bajo el gobierno del emperador Justiniano, restaurar el viejo imperio romano, y que en el caso español se aprovechó de las luchas internas entre nobles, uno de cuyos bandos le pidió ayuda, hecho que desencadenó la invasión.
Ante tanto desastre, un hábil rey visigodo, Recaredo y algunos de sus sucesores, como Chindasvinto, Recesvinto, Sisebuto y Suintila, dieron un giro a la política del reino. En el año 587, Recaredo renunció al arrianismo, bautizándose como católico, hecho seguido por todo su pueblo (aunque con mas obligación que devoción).Pocos años mas tarde Recesvinto anulo las separaciones legales entre razas creando una ley común para todos los habitantes del reino, fuese cual fuese su origen, el llamado Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo. Como complemento, se apoyo a la iglesia católica, muchos de cuyos obispos pasaron a desempeñar cargos de consejeros del rey o gobernadores provinciales, lo que mejoró notablemente la administración. Se ayudó al comercio y se integro a la comunidad judía, poseedora de la mayoría de las empresas artesanales y comerciales, aunque se les agravió obligándoles a convertirse al catolicismo. Una sociedad mas unida facilitó el aumento del poder militar y el sosiego interno del estado. Los bizantinos fueron expulsados de Andalucía y el problema cantabro se soluciono con la creación de una región autónoma, el ducado de Cantabria, origen histórico de nuestra región.
Así la primera mitad del siglo VII marcó una época de cierto esplendor y leve recuperación económica y cultural. Esta última estuvo animada por la jerarquía eclesiástica que llevó a cabo una ingente labor de evangelización y formación cultural en la que destacaron los obispos de Sevilla, Zaragoza y Toledo, Isidoro (autor de las etimologías),Braulio y Eugenio, grandes escritores y pensadores.

3.3. Los sintomas de crisis.


Pese a todo, el reino siguió siendo débil. La razón, su estructura político-social. Para cubrir su debilidad y las dificultades de gobierno de la España que hemos descrito, la mayoría de los reyes habían optado por la vía de crear fuertes gobiernos provinciales, los duques. Estos eran en su mayoría no funcionarios, sino grandes terratenientes que contaban con el apoyo y la fidelidad de campesinos temerosos y militares ambiciosos. El rey delegaba en ellos sus funciones de recaudación de impuestos, administración de justicia, defensa y organización. Ello se veía favorecido por el hecho de que al ser electiva la monarquía muchos reyes pagaban a sus electores (desde el siglo V sólo los jefes de horda) repartiendo poder. Así se había llegado a un estado vacío en el que el rey tenia un poder limitado y dependiente de la obediencia de los duques, lo que históricamente se llama una centrifugación del poder del estado. El problema no era nuevo, pues ya en los últimos años del poder romano se había producido el debilitamiento del estado y el paso de una sociedad basada en la igualdad ante la ley y el imperio de la razón a otra en la que predominaba la fuerza y cada hombre buscaba la protección de otro haciéndose su servidor, ante la falta de poder del gobierno. Ahora era peor, al darse esas circunstancias en una sociedad empobrecida y rural.
Dos reyes intentaron fortalecer el estado y reducir el poder de los duques, que habían formado una poderosa clase nobiliaria. Primero fue el salvaje Wamba, luego el astuto Witiza, pero su política solo generó enfrentamientos y luchas intestinas.

 

3.4. La última guerra civil y la invasión musulmana.


En el año 710 murió Witiza. En un ambiente de guerra civil los nobles se reunieron para nombrar nuevo rey, defendiendo un sector de la nobleza el reparto del reino entre los hijos de Witiza, una manera de manejar a muchos reyes débiles. Pero la mayoría de los nobles y la iglesia se opusieron, nombrando al duque de Andalucía, Rodrigo como nuevo rey, encargándole la reorganización del estado y el fortalecimiento del poder real. La cuestión acabaría en una breve guerra civil en la que el nuevo rey derrotaría a los witizanos. Pero lejos de aceptar la situación, los nobles rebeldes, partidarios de un estado débil y repartido en el que podrían gobernar sus tierras sin limite urdieron un astuto plan. En los primeros meses del año 711,el conde Julian, gobernador de la ciudad visigoda de Ceuta y partidario de los witizanos entabló conversaciones con el gobernador musulmán de Marruecos a fin de que tropas musulmanas desembarcaran en Andalucía para apoyar a los witizanos a derrotar a Rodrigo. A cambio, los vencedores pagarían a los musulmanes una gran cantidad de oro y les entregarían la plaza de Ceuta. Añadido a este trato el plan contemplaba iniciar una campaña de desprestigio al rey, acusándole de mantener relaciones extramatrimoniales con la mujer de un importante noble, a la vez que se instaba a las tribus vascas a rebelarse contra el rey.
A comienzos de la primavera del año 711, en un clima de crispación y falsas acusaciones contra el rey, que le hicieron ganarse muchos enemigos, las tribus vascas comenzaron una revuelta general que obligó al rey a desplazar a su ejercito hacia el norte. Aprovechando la circunstancia, el ejercito del gobernador musulmán de Marruecos, Tariq, desembarcó en Cádiz para unirse a las tropas witizanas. A marchas forzadas Rodrigo desplazó parte de su ejercito al sur para enfrentarse a los invasores. En la violenta batalla de Guadalete los witizanos y los musulmanes derrotaron y mataron a Rodrigo, paseando su cabeza por el campo de batalla. Sin embargo, los musulmanes pagaron la traición de los witizanos asesinando a la mayoría de sus lideres. Así, eliminado lo mejor de la nobleza visigoda, y ante el vacío de poder generado, España fue invadida, convirtiéndose en una provincia mas del Islam.

 

 

 

 

 

 

 

 



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